sábado, 25 de marzo de 2017

Respirar juntos

Respirar juntos

Somos constructores de una magna obra. Estamos convencidos de la grandeza de los antiguos y seguimos con honor sus nobles ideales inspirados en la Tradición Primordial.

Somos eslabones de una cadena de oro, fuerte, luminosa, engarzada directamente con Hermes, Buddha, Quetzalcóatl, Vyasa y Melquisedec, reconociendo en este insigne linaje la pureza de la Fuente primigenia.

Somos herederos de un conocimiento secreto, conservado con devoción por los iniciados de todos los tiempos.

Somos trabajadores de la luz y con humildad y respeto depositamos el fruto de nuestra labor a los pies de los Maestros de Sabiduría.

Somos pocos, sí, pero también somos entusiastas y fieles a nuestro propósito más alto. En una sociedad hostil a los ideales trascendentes, nos vemos obligados a camuflarnos y resistir ante la intolerancia.

En esta inferioridad de condiciones, es necesario que los nobles viajeros del Sendero Eterno nos re-conozcamos, nos re-unamos y conspiremos (*), para “respirar juntos” a fin de que la ley se cumpla y el ciclo de oscuridad se cierre.

Es necesario conspirar para que todos los hombres puedan reconocer la chispa divina que brilla en su interior, para que la Fraternidad Universal sea proclamada, sin distinciones de razas, sexos, clases sociales, nacionalidades, opciones políticas u orientaciones sexuales, amando y respetando la vida en todas sus manifestaciones.

Es necesario conspirar para restaurar la unidad perdida, para que los opuestos sean armonizados y que la humanidad halle la más alta perfección y la más pura felicidad.

Es necesario conspirar para que los tres atributos de la divinidad (Luz, Vida, Amor) se manifiesten en el mundo, convirtiéndonos nosotros mismos en soldados de la Luz, de la Vida y del Amor, canales conscientes de lo Bueno, lo Bello, lo Justo y lo Verdadero, constructores de la cuarta mesa del Grial.


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viernes, 24 de marzo de 2017

Sawu Bona


Sawu Bona

En la recordada película “Avatar”, los Na’vi se saludaban entre sí diciendo: “te veo”, estableciendo un vínculo íntimo más allá de lo visible. Este saludo cordial –de corazón a corazón– no es un invento hollywoodense sino que se basó en la tradicional filosofía africana “ubuntu”, donde existe una salutación convencional entre los zulúes: “Sawu bona”, que significa “Te veo”, ante lo cual se contesta “Sikkhona” (“estoy aquí”).

“Ubuntu” significa “Yo soy lo que soy en función de lo que todos somos” y por esto, en esta corriente filosófica sudafricana se enfatiza la idea de “Comunidad” (común unidad). Si hacemos las conexiones entre el “Sawu bona” y la filosofía que lo sustenta, el Ubuntu, podríamos concluir que el saludo quiere decir: “Te veo y me ves. Y, juntos, somos”.

Es posible realizar un paralelismo con la reverencia de los indos: “Namasté” o “Namaskar” que significa: “lo divino en mí reverencia a lo divino en ti”, donde queda patente –una vez más– la idea tradicional: “puedo verte más allá de lo evidente”. Puedo percibir tu esencia, tu verdadera naturaleza y al decírtelo, te recuerdo lo que eres (1).

Y esto se refleja en varios saludos tradicionales, que nos recuerdan lo que somos en realidad: almas espirituales peregrinando de vuelta a casa. Pero no estamos solos, porque todos constituimos una “común unidad” y somos uno.

¡Qué importante es ver! ¡Qué fundamental es despertar, sacarnos las telarañas de los ojos y reconocer que los otros no son los otros sino que todos constituimos una unidad!

La Fraternidad Universal no es una mera aspiración ni un sueño utópico sino una Ley de la Naturaleza y nosotros –inmersos en una sociedad que promueve la competencia y el extremo individualismo– no llegamos a darnos cuenta y establecemos barreras de todo tipo: raciales, sexuales, religiosas, de clase, de casta, de credo, etc. Nos hemos convencido de que el mundo es un globo con países pintaditos de colores diferentes –como el mapamundi escolar– en lugar de visualizarlo como un gigantesco ser vivo.

No obstante, ¿es posible plasmar en el mundo el ideal de la Fraternidad Universal? O, en otras palabras, ¿de qué manera la humanidad dormida comprenderá el significado último de esto? La única manera de construir un mundo nuevo y mejor cimentado en la Fraternidad Universal y la Unidad en la Diversidad es a través de una re-evolución silenciosa, de una conspiración de los nobles de corazón que deberán formar –sí o sí– “núcleos de la Fraternidad Universal”, una vanguardia de oro en una edad de hierro.

Esta idea no es nueva. El concepto original de “logia” tiene la misma connotación, pues procede del vocablo sánscrito “loka” que significa “mundo”, “universo” o “cosmos” (2), significando esto “un cosmos en miniatura”, un emplazamiento ordenado y sagrado en medio de la confusión y el caos profano.

Al fundar la Sociedad Teosófica, Helena Blavatsky priorizó la implantación de estos “núcleos”, estableciendo como el primer objetivo de su institución: “Formar un núcleo de la Fraternidad Universal de la Humanidad, sin distinción de raza, creencia, sexo, casta ni color”.

Pero, ¿qué es exactamente un núcleo? Etimológicamente la palabra “núcleo” significa “centro de la nuez” (nux, nucleus), es decir el corazón de la semilla de la cual deberá nacer un nuevo árbol. Siendo así, todo núcleo es un punto de partida (3). Y si decimos que es necesario establecer “núcleos de la fraternidad universal” estamos afirmando que es necesario plantar semillas que germinen y crezcan a fin de que se afiance el ideal iniciático, indisolublemente ligado a la Fraternidad Universal.

La piedra basal de estos núcleos sinérgicos de la Fraternidad Universal deberá ser el Amor Consciente, enunciado en todas las tradiciones en forma de la “regla de oro”, que reza: “Trata al prójimo del mismo modo en el que quisieras ser tratado” o “Ama al prójimo como a ti mismo” (Marcos 12:31).

Y aún, por encima de esto, es de capital importancia insistir en que el prójimo no es el prójimo y que –desde una perspectiva espiritual– no existen ni el “yo” ni el “tú” sino el “nosotros”, una Unidad ultérrima más allá de lo evidente.
Mantengamos la unidad.

Notas del texto

(1) También podemos citar aquí el saludo hawaiiano de “aloha” que significa “aliento de vida”, por lo cual al decir “Aloha” estamos enviando y recibiendo energía positiva. Esta es la esencia del “espíritu aloha” de los habitantes de Hawaii y, como tal, fue redactado en forma de ley en el año 1986. La misma señala: “Aloha significa aprecio, afecto mutuo y calidez en ser atentos con los demás sin esperar nada a cambio. Aloha es la esencia de las relaciones en las cuales cada persona es importante para la existencia colectiva”.
(2) Para algunos autores, el origen etimológico de “logia” vendría de la palabra griega “logos”.
(3) En las células, el núcleo es considerado el centro de control y lo mismo ocurre con el núcleo atómico. Por esto, en la filosofía esotérica se equipara al núcleo con el primer logos: Voluntad-Ley.


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jueves, 23 de marzo de 2017

¿Ser buenos o ser conscientes?


¿Ser buenos o ser conscientes?

“El que no junta desparrama” (Lucas 11:23)

Hace pocos días atrás, dialogaba con una Hermana sobre la crisis mundial y ella me aseguraba que –aunque la situación es bastante alarmante– hay “mucha gente buena en el mundo”.

Esto es verdad: en nuestro planeta hay mucha gente “buena”. Sin embargo, para que la humanidad encuentre su propósito y pueda construir una sociedad con parámetros trascendentes se necesitan seres humanos que –además de buenos– sean conscientes.

Una persona “buena” que no hace el bien no es tan “buena”, porque la pasividad y la apatía son las herramientas más efectivas de las potencias tenebrosas. En verdad, toda acción (o inacción) que coopere en la perpetuación de este modelo insano debe ser considerada como un freno y un estorbo para la transformación humana.

Edmund Burke dijo una vez: “Lo único que necesita el mal para triunfar es que los hombres buenos no hagan nada”. Aquellos que guardan silencio ante la iniquidad, prefiriendo mantenerse neutrales ante el avance de la corrupción y el desastre ambiental son cómplices de las fuerzas destructivas, aunque en su vida cotidiana mantengan una fachada de bondad y una actitud santurrona.

El mayor peligro de la “bondad” es que ésta fácilmente se convierta en mera conformidad y que acepte como “normales” cosas que no lo son. Los prisioneros del relato platónico de la caverna no parecen ser malos, pero su inacción e inconsciencia son las que mantienen el “statu quo”, avalando con su tibieza el poder de los amos de la caverna.

Conozco muchas personas “buenas”, que paradójicamente son racistas, homofóbicas, nacionalistas o contaminadoras del medio ambiente, contradiciendo con sus acciones inconscientes la ley más importante: la Fraternidad Universal, que ha sido enunciada por los antiguos como “Todos somos Uno”.

Para la gestación de una nueva humanidad, necesitamos agentes transformadores del mundo: personas buenas y conscientes, practicantes de la recta acción, con sus esfuerzos vitales alineados a lo Bueno, lo Bello, lo Justo y lo Verdadero.

Esta sociedad mejor nacerá solamente a través de la acción consciente, desinteresada y amorosa de los hombres despiertos del nuevo tiempo.

Allá vamos… hacia un mundo nuevo y mejor, gestado con Acción, Conciencia y Amor.


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Aterrizando el conocimiento



Aterrizando el conocimiento

Uno de los problemas más usuales al que se enfrentan todas aquellas personas que intentan adentrarse en el camino iniciático es el “aterrizaje” del conocimiento trascendente a la cotidianidad, el pasaje de la teoría a la práctica, del símbolo a la vivencia plena. De nada sirve conocer al dedillo todas las enseñanzas y postulados de la Filosofía Perenne si no estamos dispuestos a abandonar el viejo hombre (palaios anthropos) y vestirnos con los ropajes del “hombre nuevo” (neos anthropos).

Aceptar la validez de los enunciados de la Filosofía Iniciática no basta porque la mayoría de las veces lo único que hacemos es sustituir un conjunto de creencias por otro conjunto de creencias, cuando lo importante es dejar atrás la mera creencia, la aceptación ciega de conceptos que “querríamos” que fuesen ciertos.

Pasar a la acción. Esa es la única forma de transitar el camino conscientemente. Pero, ¡ojo! pasar a la acción no quiere decir “hacer muchas cosas”. Existe una diferencia sutil entre la recta acción y el mero activismo.

La recta acción está íntimamente ligada al propósito existencial y al verdadero sentido del “sacrificio”, la sacralización consciente de toda nuestra existencia, de todas nuestras acciones por pequeñas que sean. En otras palabras, todas las cosas que realices en tu día a día deben estar alineadas a tu propósito y en función de lo Bueno, lo Bello, lo Justo y lo Verdadero.

Por lo tanto: practica, practica, practica, pero no practiques a lo loco. Ordénate, traza una estrategia (de eso trata el módulo “Propósito y Proyecto” del Programa OPI) y subordina todos tus actos cotidianos a la recta acción.

Yo siempre insisto en que toda la Filosofía Iniciática puede resumirse en cuatro palabras: “Hazte lo que eres”. Nada más. Todas las demás enseñanzas complementan y giran en torno a ese concepto fundamental.

El aterrizaje del conocimiento a la vivencia diaria también puede ser sintetizado al máximo con una sola palabrita: “Hábitos”.

La Ascesis Iniciática está fundamentada en la transmutación de nuestros hábitos, de la mejor manera de contrarrestar los venenos de los dragones de los cuatro elementos con poderosos antídotos. Si no estamos dispuestos a modificar nuestros hábitos, no estamos dispuestos a recorrer el camino iniciático. Así de simple.

Y esta Ascesis que practicamos tiene cuatro áreas básicas (1):

Tierra – Dragón basilisco – Equilibrio físico – Corporalidad – Hábitos físicos

Agua – Serpiente escamosa – Equilibrio pránico – Vitalidad – Hábitos energéticos

Aire – Dragón alado – Equilibrio emocional – Afectividad – Hábitos emocionales

Fuego – Bestia de fuego – Equilibrio mental – Concentración – Hábitos mentales



Estas cuatro áreas se complementan con una quinta, asociada al elemento Éter y al desarrollo espiritual, y todas ellas delimitan y conforman la llamada “Ascesis Iniciática” que es integral y que abarca absolutamente todos los aspectos del ser humano.

En sintonía con esto, hay pequeños hábitos sencillos, simples, hasta “tontos” podrían decir algunos, que nos permiten ir mejorando en varios aspectos de nuestra vida. Entre ellos, he elegido cuatro que cualquier persona puede incorporar y que son un buen comienzo para fortalecer nuestra voluntad y disciplinarnos en el día a día:

* Sal a caminar durante una hora cada día. Mediante este ejercicio sencillo, y a la vez muy completo, podrás trabajar al mismo tiempo el cuerpo físico, el cuerpo vital y sobre todo la mente. Los estudios sobre los múltiples beneficios de las caminatas son contundentes.

* Destina un espacio a tus prácticas introspectivas (concentración, meditación, estudio, vocalización), intentando establecer diariamente una “hora mágica”, 60 minutos dedicados al trabajo interno.

* Revisa tus metas y tu declaración de misión. Si no has escrito tus metas personales, deberías empezar hoy mismo, teniendo en cuenta que toda meta que nos tracemos deberá estar sujeta al acrónimo R.E.M.A.R., es decir que debe ser Relevante, Específica, Medible, Alcanzable y Recompensante.(Véase el módulo “Propósito y Proyecto” del Programa OPI)

* Bebe 2-3 litros de agua, un hábito tan sencillo pero fundamental que muchas veces obviamos. Además de hidratarnos, beber agua nos obliga a establecer una rutina y a ser constantes.

“¡Esto no tiene nada de iniciático!”, exclamarán con horror los puristas que viven encorsetados en la dicotomía sagrado-profano. Pues bien, he aquí un secreto que voy a revelar: “En nuestra vida: o todo es sagrado o todo es profano”. No puede haber medias tintas. Cuando contemplamos a la vida como una escuela, todo lo que nos pasa, todo lo que hacemos, la gente que llega a nosotros, ¡todo! está íntimamente ligado a ese aprendizaje, a ese proceso interior que llamamos “iniciático”.

Cuando una persona “iniciada” habla de su “trabajo profano” al referirse a su profesión o su oficio significa que entendió muy poco el sentido de su “iniciación”.

Por esto, es necesario advertir a los puristas que el camino iniciático no puede divorciarse de nuestra vida cotidiana y que cuando empezamos a hollarlo con conciencia empezamos a notar que no hay nada que le sea ajeno. Como dicen los budistas: “Incluso pelando papas estamos practicando el Dharma”.

Volvamos a los hábitos a los que me estaba refiriendo. En definitiva: si no puedes caminar una hora al día, si no puedes destinar un espacio diario a practicar y estudiar (¡al menos 20 minutos!), si no tienes metas escritas y si no puedes hacer algo tan sencillo como hidratarte correctamente… ¿cómo vas a adquirir hábitos más complejos?

Si crees que estás estancado o no tienes idea qué rumbo tomar, prueba empezando con esos cuatro hábitos sencillísimos. ¿O no tan sencillos?

Concordancia

“El misterio tiene lugar en la estación del ferrocarril” (Josef Beauys)

“La meta está en la plaza del mercado” (Aforismo taoísta)

“Cuando llega el hambre, como mi arroz; cuando llega el sueño, cierro mis ojos. Los necios se ríen de mí, pero los sabios entienden” (Linji Yixuan)

“Descalzo y con el pecho desnudo, me mezclo con la gente del mundo. Mi ropa está remendada y cubierta de polvo, y soy más dichoso que nunca. No uso magia para alargar mi vida, pero ahora, ante mí, los árboles marchitos se cubren de flores”. (Kakuan)

“¡Qué maravilla! Parto leña, acarreo agua” (Pang el seglar)


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miércoles, 22 de marzo de 2017

Simbolismo Iniciático del Patito Feo




Simbolismo Iniciático del Patito Feo

En 1844, el escritor danés Hans Christian Andersen, escribió su cuento clásico “El patito feo”, donde contó la historia de un cisne que nace y se cría entre patos, inmerso en una realidad hostil donde es menospreciado y rechazado por ser diferente a los demás.

Cansado de las burlas de sus hermanos patos, el patito feo decidió abandonar el corral y viajó al pantano, donde protagonizó varias aventuras peligrosas. Permaneció lejos de su hogar durante todo el crudo invierno hasta que, al llegar la primavera, se acercó a un lago para beber agua fresca. Al observar su imagen reflejada en las aguas calmas, comprobó con sorpresa que ya no era un pajarraco gris y feo sino que se había transformado en un ave hermosa de blanquísimo plumaje. En ese momento, una bandada de cisnes que volaba por las inmediaciones, observó al solitario aventurero, se acercó a él y en ese momento el patito feo conoció su verdadera identidad.

Feliz por el grato descubrimiento, el nuevo cisne voló muy lejos de los parajes donde había sido despreciado y humillado, convirtiéndose en poco tiempo en el cisne más hermoso de la bandada.

La vía heroica

Si seguimos el esquema del “mito del héroe” o monomito, desarrollado largamente por Joseph Campbell, podremos reconocer en el cuento del patito feo, diversos eventos heroicos que nos llevan al descubrimiento del sentido oculto del relato tradicional:

a) Todas las historias heroicas comienzan mostrando al protagonista en un entorno que no es el propio donde lleva una vida desgraciada y llena de frustraciones (el corral como el “mundo ordinario” o “profano”).

b) El protagonista desconoce su origen noble y las personas que lo han criado no son sus verdaderos padres.

c) Las potencialidades del protagonista son desperdiciadas por ignorancia de su propósito existencial, del mismo modo que los seres humanos que –ciegos a su identidad trascendente– no recuerdan que son divinos por naturaleza.

d) El héroe (el Alma) debe superar diversas pruebas a lo largo de un viaje peligroso que lo guiará al auto-descubrimiento.

Los patos y los cisnes representan dos tendencias que conviven dentro de nosotros y que en Oriente se llaman Vidya (sabiduría) y Avidya (ignorancia): una nos impulsa a lo alto y otra nos arrastra a la materia (1). En el cuento de Andersen, los patos son los profanos, inconscientes, adaptados al mundo ordinario, sin riesgos y limitándose a comer, dormir, trabajar, reproducirse y entretenerse, mientras que los cisnes, por el contrario, simbolizan la vida espiritual, la resistencia a una existencia materialista, fuera de los patrones y condicionamientos sociales.

Aunque el mundo profano advierte con el bombardeo publicitario: “Sé un pato obediente. No te arriesgues ni hagas locuras”, los iniciados de todos los tiempos han dejado indicaciones muy claras: “Lo que el mundo desecha, recógelo. Lo que el mundo hace, no lo hagas; en todas las cosas camina en dirección contraria al mundo. Así te aproximarás a lo que estás buscando”. (2) Por eso, la vía discipular es contracorriente, ascendente y doble: pues implica una transformación interna y externa, el cambio individual para ser un agente transformador de la comunidad toda.



El traje luminoso

En todas las culturas, el cisne blanco representa la luz, la pureza y la elegancia, y según Chevalier: “su blancura, poder y gracia lo presentan como una viva epifanía de la luz”. (3)

Max Heindel, por su parte, asocia al cisne con la Iniciación: “El cisne puede moverse en varios elementos. Puede volar en el aire con gran velocidad; puede pasearse majestuosamente sobre el agua y por medio de su largo cuello puede explorar las profundidades e investigar lo que haya en el fondo de un lago no demasiado profundo. Es por consiguiente, un símbolo muy apropiado del Iniciado, quien, por el poder desarrollado dentro de sí mismo, es capaz de elevarse a regiones superiores y moverse en diferentes mundos. Al igual que el cisne vuela por el espacio, el que haya desarrollado los poderes de su cuerpo del alma puede viajar en él por encima de montañas y lagos. Como el cisne se sumerge debajo de la superficie del agua, así también el Iniciado puede ir por debajo de la superficie de los abismos en su cuerpo del alma, al cual no pueden inferirle daño ni el fuego, ni la tierra, ni el aire, ni el agua”. (4)

Si prestamos atención al relato de Hans Christian Andersen, apreciaremos que el patito feo tiene que atravesar un duro, frío y oscuro invierno hasta llegar a la primavera, donde descubre su verdadera identidad. Simbólicamente, el invierno y sus duras pruebas representan la primera etapa de la Gran Obra, el Nigredo, que termina con la blanca luminosidad del Albedo, un paso indispensable para seguir avanzando hasta la conclusión de la Gran Obra.

“Post Tenebras Lux” (Después de las tinieblas, la luz) dicen los antiguos y este enunciado se recoge por innumerables tradiciones iniciáticas donde el candidato necesita atravesar las difíciles pruebas de los elementos para poder ver la Luz. Es el regreso al punto de origen, el orden que sucede al Caos: “Ordo Ab Chaos”.

La luminosa victoria de la primavera está ligada a la derrota del Ego, y esta estación (junto con el signo de Aries) simboliza el triunfo iniciático, el renacimiento de Osiris y de Hiram Abif, la victoria de lo inmortal sobre lo mortal, la despedida del cuervo negro del Nigredo que da paso al cisne, imagen vívida de la blancura (Albedo).

En este renacimiento del cuervo, que aparece como blanqueado o decapitado (caput corvi), el candidato es vivificado y ataviado con una túnica luminosa e incorruptible que representa el triunfo de la luz. Esas vestimentas blancas están vinculadas al Alma purificada como “augoeides” (augo=luz del sol y eidos=forma).

La derrota de la oscuridad y la vestimenta luminosa (en el caso del patito feo, el plumaje blanco) también aparece en el Apocalipsis: “Así el vencedor será revestido de vestiduras blancas y no borraré su nombre del libro de la vida, y reconoceré su nombre delante de mi Padre y delante de sus ángeles” (Apocalipsis 3:5). En ocasiones, esta indumentaria blanca es llamada “traje de bodas”, en alusión a las bodas alquímicas, y en recuerdo de una parábola evangélica donde queda clara el sentido de pureza de estas vestimentas: “Entró el rey a ver a los comensales, y al notar que había allí uno que no tenía traje de boda, le dice: “Amigo, ¿cómo has entrado aquí sin traje de boda?” Él se quedó callado. Entonces el rey dijo a los sirvientes: “Atadle de pies y manos, y echadle a las tinieblas de fuera”. (Mateo 22:11-14)

El rosacruz Karl von Eckhartshausen habla de “vestirnos de luz”, abandonando al viejo hombre (palaios anthropos) y naciendo como seres de luz, renovados y revitalizados (neos anthropos), en consonancia con las palabras de San Pablo: “Jesús [enseñó] que debían quitarse el ropaje de la vieja naturaleza, la cual está corrompida por los deseos engañosos; ser renovados en la actitud de su mente; y ponerse el ropaje de la nueva naturaleza, creada a imagen de Dios, en verdadera justicia y santidad” (Efestios 4:20-24). Teniendo en cuenta esta idea, muchas escuelas iniciáticas usan túnicas, estolas o mandiles blancos en sus ceremonias, simbolizando la pureza necesaria para recorrer la vía discipular.

El vehículo hacia la luz

En Oriente y Occidente, el cisne aparece muchas veces como montura de dioses e iniciados, es decir como un medio de transporte para llegar a lo más alto.

En la mitología griega encontramos a Afrodita y a Apolo subidos a sendos cisnes, mientras que en India el cisne es “Vahana”, vehículo de Brahma y su consorte Saraswati. En la tradición artúrica aparece Lohengrin (hijo de Parsifal), quien usa un cisne como nave segura para acudir al heroico rescate de una dama, por lo cual se ganó el título de “Caballero del Cisne”.

El carácter sagrado del cisne se acentúa en Oriente en la figura de “Hamsa”, la mística ave que representa la sabiduría divina y que custodia el pranava o sagrada sílaba: Aum, el cual puede contemplarse en su cuerpo: A en el ala derecha, U en la izquierda y M en la cola. (5). La misma palabra “Hamsa” se descompone en “A-ham-sa” o “Yo (soy) Él”, o bien como So-Ham, “Él (soy) Yo”.

Cisnes, águilas, gaviotas y delfines

Andersen no es el verdadero creador del cuento del patito feo, sino que recogió el relato del acervo tradicional europeo. En verdad, en Oriente existe una historia similar protagonizada por un águila en un gallinero, que Anthony de Mello (6), Leonardo Boff (7) y Alfonso Lara Castilla (8) adaptaron en sus obras, y aún podemos encontrar elementos coincidentes en el hermoso relato de Richard Bach titulado “Juan Salvador Gaviota” y también en “El delfín: historia de un soñador” del peruano Sergio Bambarén.

Todos estos cuentos se centran en esas dos tendencias que conviven en nuestro interior: Avidya (Ignorancia) y Vidya (Sabiduría), una que arrastra el Alma a la materia y otra que le da alas y la eleva hacia las tierras del Espíritu.

Y así es: no tenemos otra opción que bogar contra la corriente, en contraposición con los dictados de la sociedad profana, que intenta convencernos de que la vida de “pato” no solamente no es tan mala sino que –además– es la “normal” y “deseable”. Sin embargo, en lo más recóndito de nuestro interior, resuena una vocecita que trata de hacernos recordar nuestro propósito y nuestra identidad, resistiéndose con rebeldía a ese mandato de “normalidad” que se nos trata de imponer.

Nuestra Alma es un cisne luminoso y puro, que necesita remontar vuelo para recordar su verdadera naturaleza.

Hazte lo que eres


Imagen: Afrodita sobre un cisne



Imagen: Saraswati sobre un cisne



Imagen: Apolo sobre un cisne


Notas del texto

(1) Véase el mito del carro alado, contado por Platón en el “Fedro”
(2) Boehme, Jacob: “Dialogues on the Supersensual Life”
(3) Chevalier, Jean: “Diccionario de los símbolos”
(4) Heindel, Max: “El misterio de las grandes óperas”
(5) Blavatsky, Helena: “La Voz del Silencio”
(6) De Mello, Anthony: “El canto del pájaro”
(7) Boff, Leonardo: “El águila y la gallina: una metáfora de la condición humana”
(8) Lara Castilla, Alfonso: “La búsqueda”

El águila y las gallinas (Cuento de Anthony de Mello)

“Un hombre se encontró un huevo de águila. Se lo llevó y lo colocó en el nido de una gallina de corral. El aguilucho fue incubado y creció con la nidada de pollos.

Durante toda su vida, el águila hizo lo mismo que hacían los pollos, pensando que era un pollo. Escarbaba la tierra en busca de gusanos e insectos, piando y cacareando. Incluso sacudía las alas y volaba unos metros por el aire, al igual que los pollos. Después de todo, ¿no es así como vuelan los pollos?

Pasaron los años y el águila se hizo vieja. Un día divisó muy por encima de ella, en el límpido cielo, una magnífica ave que flotaba elegante y majestuosamente por entre las corrientes de aire, moviendo apenas sus poderosas alas doradas. La vieja águila miraba asombrada hacia arriba.

-¿Qué es eso?, preguntó a una gallina que estaba junto a ella.

-Es el águila, el rey de las aves, respondió la gallina. Pero no pienses en ello. Tú y yo somos diferentes a ella.

De manera que el águila no volvió a pensar en ello. Y murió creyendo que era una gallina de corral”.


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martes, 21 de marzo de 2017

Perseguir dos liebres




Perseguir dos liebres

Un practicante de artes marciales se presentó a su sensei y le dijo: “Quiero dedicar más tiempo al aprendizaje de las técnicas marciales. He pensado en estudiar también con otro maestro para complementar mis estudios aquí y aprender otro estilo. ¿Qué opina de esto, sensei?”.

Después de escuchar al practicante, el sensei respondió: “La concentración lo es todo. Un cazador que persigue a dos liebres al mismo tiempo, probablemente no pueda cazar a ninguna de ellas”.

En el ámbito espiritual se habla del “camino del picaflor” para referirse a los buscadores que vuelan de flor en flor, de escuela en escuela, de maestro en maestro, tratando de abarcarlas todas y no deteniéndose en ninguna de ellas. Estos “picaflores” (colibríes) representan la inconstancia, la búsqueda de novedades, la curiosidad y la falta de compromiso.

¿Es mala esta actitud? En verdad, es totalmente normal que ocurra al principio, pero cuando pasan los años y el estudiante sigue buscando incesantemente “algo distinto” sin atreverse a traspasar el umbral, es lógico pensar que la búsqueda espiritual es más una inquietud intelectual que otra cosa.


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lunes, 20 de marzo de 2017

Sobre los Maestros de Sabiduría


Sobre los Maestros de Sabiduría


Aprovechamos la pregunta de O.G. y M.A. de Honduras, que ha sido recurrente en los últimos tiempos: “¿Qué dice la Escuela de Filosofía Iniciática sobre los Mahatmas o Maestros de Sabiduría?”.

Si hay un sendero que lleva a la iluminación, tiene que haber –lógicamente– seres iluminados, que ya han transitado la vía iniciática y que han alcanzado un estado de conciencia superior.

A estos Maestros Ascendidos, Mahatmas, Adeptos o Hermanos Mayores no necesitamos adorarlos como santos, sino imitarlos, poniéndonos a su servicio. Colocarnos “al servicio de los Maestros de Sabiduría” (uno de los enunciados de nuestra declaración de Misión y Visión) significa continuar su obra y convertirnos en servidores.

Cuando hablamos de construir simbólicamente la “Cuarta Mesa del Grial” estamos hablando de convertirnos en instrumentos de la restauración de la sociedad primordial. Esta “Cuarta Mesa” es una forma de referirnos a una iniciativa sagrada donde se reúnen la espada y la escoba, para combatir dragones y “barrer el polvo, barrer la suciedad”.

Todo Maestro externo (upaguru) es verdaderamente eficaz si logra indicarnos el camino a nuestro verdadero Maestro (satguru), que está en nuestro interior, más precisamente en el centro de nuestro corazón.

Los verdaderos maestros no necesitan que se les rinda pleitesía, sino obreros sinceros que deseen ser servidores de la Luz. Por eso no hablamos demasiado de los Hermanos Mayores. Cuando nos preguntan si nuestra Obra está inspirada en los Maestros o si está siendo ayudada por algún Adepto, solemos contestar: “Si hacemos las cosas bien, tendremos el apoyo de los Maestros. Si hacemos las cosas mal, no la tendremos. Mientras tanto, tratamos de continuar su Obra”.

Algunas organizaciones se obsesionan con este tema, discutiendo si tienen o no el apoyo de los Maestros, o si lo han perdido. En verdad, este tema no debería estresarnos ni preocuparnos, pues debemos concentrarnos en lo verdaderamente importante: hacer lo que hay que hacer sin buscar recompensa por ello, cumpliendo con nuestra misión.

Hay una anécdota de Gandhi que ilustra este concepto: “Alguien le dijo al Mahatma: “Usted afirma que está siendo guiado. También Hitler lo decía, por lo tanto ¿cómo podemos distinguir entre ambas afirmaciones? Y Gandhi simplemente respondió: “Observe los resultados”.

domingo, 19 de marzo de 2017

Solve et Coagula


Solve et Coagula

“La mente, así como los metales y los elementos, puede transmutarse de grado en grado,
de condición en condición, de polo a polo, de vibración en vibración” (“El Kybalión”)

“Solve et Coagula”: dos palabras latinas que sintetizan toda la Gran Obra, y que nos hablan de la disolución y muerte del “Hombre Viejo” que debe dar paso al nacimiento de un “Hombre Nuevo”, virtuoso e integrado. Esto significa derrumbar un viejo edificio corrompido y construir –usando sus propios escombros– algo nuevo y mejor, que es una simple aplicación del enunciado de Lavoisier: “Nada se crea, nada se destruye, todo se transforma”.

Mediante el “Solve et Coagula” los opuestos son equilibrados y es posible acabar con todo antagonismo entre el espíritu y la materia, en un encuentro armonioso donde lo corpóreo es espiritualizado y lo espiritual es corporizado. Es la re-unión polar de “lo fijo” y “lo volátil” de la cual hablan los alquimistas: “Fac fixum volatile et volatile fixum”.

Pierre Vincenti Piobb recomendaba: “Analiza todo lo que eres, disuelve todo lo inferior que hay en ti, aunque te rompas al hacerlo; coagúlate luego con la fuerza adquirida en la operación anterior” (1) y este es el magno secreto de la Alquimia Espiritual, que no es otra cosa que la ciencia de la transmutación en el interior del atanor, es decir en el propio corazón del ser humano.

El Kybalión indica que “todo es doble, todo tiene dos polos; todo, su par de opuestos: los semejantes y los antagónicos son lo mismo; los opuestos son idénticos en naturaleza, pero diferentes en grado; los extremos se tocan; todas las verdades son medias verdades, todas las paradojas pueden reconciliarse” (2). Por lo tanto, toda transmutación debe estar fundamentada en un cambio de polaridad.

Cada uno de nosotros es un alquimista y –como tales– tenemos el poder de transmutar lo feo en bello, lo vicioso en virtuoso, trabajando conscientemente en los cuatro pisos del atanor: físico, vital, emocional y mental.

La Ascesis Iniciática puede también ser llamada “alquímica” porque no habla de otra cosa que de este proceso de disolución y coagulación, en ocasiones llamado “alineación”, donde los venenos de los dragones de los cuatro elementos son contrarrestados con precisos antídotos. Como consecuencia de esta acción eficaz del “Solve”, la máscara de la personalidad se va diluyendo paulatinamente hasta que al final emerge el verdadero rostro del “Hombre de Oro”, aquel que representa nuestra naturaleza luminosa.

La espada de doble filo y el hacha-labrys nos muestran de forma simbólica esta doble vía a la reintegración, ya que mientras uno de los filos “mata y aniquila” el otro otorga vida plena. Toda espada ceremonial se vincula con este doble proceso de destrucción y construcción: aniquila “hombres viejos” y genera “Hombres Nuevos”.

Para que nazca lo nuevo, debe morir lo viejo en un proceso metamórfico que conduce de la oscuridad a la luz, de la ignorancia a la sabiduría, del más profundo de los sueños al despertar de la conciencia.

“Solve et Coagula” significa transformar y reencauzar nuestras energías para lograr nuestras metas trascendentes, convirtiéndonos en instrumentos eficaces de lo Bueno, lo Bello, lo Justo y lo Verdadero.



Notas del texto

(1) Piobb, Pierre: “Clef universelle des sciences secrètes”
(2) Tres Iniciados: “El Kybalión”

Oración de la Paz (una plegaria para la transmutación)

Señor, haz de mi un instrumento de tu paz.
Que allá donde hay odio, yo ponga el amor.
Que allá donde hay ofensa, yo ponga el perdón.
Que allá donde hay discordia, yo ponga la unión.
Que allá donde hay error, yo ponga la verdad.
Que allá donde hay duda, yo ponga la Fe.
Que allá donde desesperación, yo ponga la esperanza.
Que allá donde hay tinieblas, yo ponga la luz.
Que allá donde hay tristeza, yo ponga la alegría.

Oh Señor, que yo no busque tanto ser consolado, cuanto consolar,
ser comprendido, cuanto comprender,
ser amado, cuanto amar.

Porque es dándose como se recibe,
es olvidándose de sí mismo como uno se encuentra a sí mismo,
es perdonando, como se es perdonado,
es muriendo como se resucita a la vida eterna.


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sábado, 18 de marzo de 2017

Tawba


Tawba

“Morid antes de morir y pedíos cuentas a vosotros mismos antes de que se os pidan”
(Hadiz del profeta Mahoma, recogido por Al Tirmidhi)

La Tradición Sapiencial nos dice que el camino iniciático es contracorriente, ascendente, pero sobre todo que es una Vía de Retorno, lo cual significa que a través de él no vamos a ningún lugar lejano sino que regresamos al centro, al corazón de nuestro Ser.

Y en esta vuelta a la Fuente Primordial, todas las tradiciones nos hablan de un hito fundamental: la Metanoia o “muerte mística”, que supone la defunción del “viejo hombre” a fin de que nazca un “hombre nuevo”, a través del abandono de los viejos hábitos profanos para que sean sustituidos por renovados hábitos virtuosos y acordes con un nuevo estilo de vida.

El Islam llama a esta muerte “tawba” que significa “volver el rostro hacia Allah” o “giro del corazón”, donde se muere al mundo profano y se nace en el mundo espiritual.

“Tawba” significa posar nuestros ojos en lo esencial, en la divinidad pura que radica en nuestro corazón, la misma que nos puede ayudar a re-cordar, a volver al corazón o fuente primordial. Esta fuente es llamada por los sufíes “el corazón de los corazones”, quienes se llaman a sí mismos “viajeros” o “caminantes del sendero místico” –nobles viajeros– en atención a un hadiz atribuido al santo profeta Mahoma:

“Vive en este mundo como si fueras un viajero,
un pasajero, con la ropa y los zapatos llenos de polvo.
A veces, sentado a la sombra de un árbol, a veces
caminando por el desierto. Sé siempre un pasajero,
ya que éste no es tu hogar”.

Cuando le preguntaron a Dhû’l-Nun, un maestro sufí: “¿Cuándo ha alcanzado el sufí su meta?”, éste respondió con tranquilidad: “Cuando es como era, donde estaba, antes de ser.”

La médula del Islam es la sumisión a Dios, que no es otra cosa que una entrega total, una canalización consciente de todos los esfuerzos vitales hacia un objetivo único, en una ofrenda sincera de toda la existencia a Allah (Dios, el Uno sin segundo), lo cual está en consonancia con la máxima latina: “Pedes in terra ad sidera visus”, es decir “Los pies en la tierra, la mirada en el cielo”.

Consciente de esta idea, el verdadero discípulo musulmán puede desempeñar cualquier tarea cotidiana al mismo tiempo que su mirada interior siempre estará fija en Allah, contemplando de frente al Uno sin segundo, escondido detrás de todo evento cotidiano, agradable o desagradable.

Aunque la prensa suela ignorar esta cara interna del Islam, relacionando a los musulmanes con los criminales de Hamas, los “yihadistas” de Irak o los secuestradores de estudiantes en Nigeria, en verdad el camino de Allah es otra cosa bien distinta. El Islam es un camino de amor, una vía tradicional, sapiencial y válida para convertirnos en lo que somos.

La verdadera Yihad está ocurriendo –aquí y ahora– dentro de cada uno de nosotros. Y es absolutamente necesario que triunfemos en esa guerra santa para que en el mundo exterior reine de una vez por todas la verdadera paz, la Paz Profunda.


Palabras del Profeta Mahoma

Dijo Mahoma: “Oh, vosotros que guerreáis, acabáis de llegar del pequeño yihad, para realizar el gran yihad”, y estos le preguntaron, “¿Y cuál es ese gran yihad?”, a lo que Mahoma contestó: “Es la guerra contra el ego”.


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viernes, 17 de marzo de 2017

Una Peregrinación en Brasil



Una Peregrinación en Brasil

En el año 2002, al recorrer los 850 kilómetros del Camino de Santiago (desde los Pirineos al Atlántico), descubrí la importancia simbólica y vivencial de las peregrinaciones, es decir la relevancia de desplazarnos, en un viaje de purificación y autodescubrimiento, hacia un objetivo sagrado que simbolice el “Axis Mundi”.

Aunque Santiago supuso mi primera peregrinación, no era mi primera caminata. En las actividades scouts era usual que recorriéramos grandes distancias en las sierras de Minas (Uruguay) en “campamentos volantes” donde dormíamos a la intemperie antes que llegara la noche.

Años más tarde, entusiasmado por la lectura del “Aku Aku” de Thor Heyerdahl, me sentí inspirado y me fui a recorrer la Isla de Pascua a pie. Desde la playa de Anakena (a la que arribó el legendario Hotu Matua y en donde Heyerdahl estableció su campamento en 1955) caminé primero hasta el volcán Rano Raraku, para desplazarme despúes al Ahu Tepeu y finalmente volver al pueblo de Hanga Roa.

Entre 1998 y 2000 organicé varias travesías en la Patagonia y en las sierras de Córdoba (Argentina), y en el 2001 recorrí el desafiante Camino del Inca hasta Machu Picchu.

Aunque las caminatas me satisfacían plenamente y me llenaban de energía, recién en el Camino de Santiago conocí el significado de las peregrinaciones como una plasmación viva de nuestro propósito más alto: la vuelta a casa, el regreso al Edén, el esforzado recorrido desde la oscuridad a la luz. En Compostela entendí la importancia de encarnar el rol de “noble viajero” y de experimentar en carne propia los contratiempos y las satisfacciones del sendero.

En uno de sus geniales comentarios sobre la vida al aire libre, el sacerdote uruguayo Luis Pérez Aguirre ensalzó los beneficios de las excursiones frente al turismo en coche, diciendo que “el automovilista no goza de ese contacto directo con la tierra: el crujir de las hojas secas bajo el zapato, la sinfonía de luces creada por el sol en los árboles, el aroma de las flores, el apretón de manos del paisano al borde del camino…

El automovilista sólo sabe del lugar por la guía turística o por la indicación del hotelero. Un país no entra en nosotros únicamente por la vista, sino también por el cansancio, por el esfuerzo, por los oídos y el olfato, por la lluvia golpeando nuestra espalda, por el sol tostando nuestro rostro. Por nuestro sudor y por el polvo de nuestros zapatos”. (1)
El Camino de la Fe

Al concluir la peregrinación compostelana en la “Costa da Morte” gallega, sentí una inmensa satisfacción y tuve la sensación de que podía hacer frente a cualquier desafío que la vida me pusiera por delante. En esos meses decidí reinventarme. Adopté un nombre simbólico con el que me identificaba plenamente (Phileas) y trabajé en la construcción de una Biblioteca virtual que bauticé “Upasika”, de la que surgió en 2010 el Programa de Estudios OPI.

En este programa traté (y trato) de transmitir el valor de la peregrinación como una forma de “recordar” nuestra identidad sagrada. Sin embargo, los símbolos y las palabras pueden convertirse en un placebo, en una mera especulación intelectual, y por eso insisto en la necesidad de poner los símbolos en acción.

Todo símbolo puede activarse (¡del mismo modo que una bomba!) a través rituales y prácticas adecuados, donde cada uno de nosotros tiene la posibilidad de convertirse en un “puente” entre mundos, y donde hay un desplazamiento del eje consciencial: del intelecto a la intuición o de la cabeza al corazón.

El símbolo axial de nuestra Escuela es el viaje, el Gran Sendero que es recorrido por nobles caminantes, y para entender a fondo esto es necesario peregrinar.

Las caminatas nos obligan a salir de nuestra zona de confort y a descubrir en carne propia la autenticidad de los dragones, de los poderosos venenos que emponzoñan nuestra Alma y que nos impiden avanzar a paso firme de vuelta a casa.

Teniendo en cuenta todo esto, y siendo consciente de la importancia de pasar en el Programa OPI del plano especulativo al operativo, convencí a algunos Hermanos sobre la necesidad de incorporar caminatas de peregrinación a nuestro plan de adelanto. Así fue que, a fines de noviembre del año pasado, jalé al Frater Joshua a un lugar perdido en el medio de Brasil para realizar una caminata de cinco días hasta el santuario de Aparecida.
Resumen de la travesía de Luminosa a Aparecida

El punto de encuentro para iniciar la peregrinación a Aparecida fue en la ciudad de Paraisópolis (estado de Minas Gerais), a cuatro horas de Sao Paulo. Joshua viajó desde Perú y yo desde Uruguay, y en la Pousada da Praça fuimos estupendamente recibidos por la señora Jandira, quien nos entregó la credencial del peregrino para que acreditara nuestra condición de tales.
Antes de partir de Paraisópolis, participamos de una misa en la Iglesia dedicada a San José, donde se nos entregó un clavel blanco a cada uno y donde pudimos realizar nuestras prácticas introspectivas frente a la imagen del Sagrado Corazón de Jesús.

Luego de esto, tomamos un taxi hacia el pueblo de Luminosa donde pudimos comenzar la caminata, en una subida memorable y donde los dragones comenzaron a hacer su trabajo, tratando de derrumbar nuestra moral ante la dificultad del camino.
Después de recorrer 16 kilómetros en un entorno maravilloso con campos de bananos y morros de frondosa vegetación, arribamos a nuestro primer destino: Campista, donde nos alojamos en la Pousada Barão Montês, donde fuimos bien recibidos por el encargado (Marcelo), quien nos ofreció dos cocos helados que aplacaron nuestra sed y nos llenaron de energía después de una jornada más desafiante de lo esperado.

En la madrugada siguiente, partimos muy temprano para recorrer los 20 kilómetros que nos separaban de Campos do Jordão. Este segundo día no fue tan riguroso como el primero y en la etapa final nos encontramos “causalmente” con el peregrino Oswaldo Buzzo, cuya página web nos había proporcionado una información valiosísima para realizar la travesía. Oswaldo nos contó su experiencia personal y nos dijo que había empezado a caminar a los 50 años de edad recorriendo el Camino de Santiago y que, a sus 65 años, seguía desafiándose a sí mismo realizando diferentes caminatas en América y Europa (2).
En Campos do Jordão pernoctamos en el “Refúgio dos Peregrinos”, un excelente hostal que cuenta con cuartos colectivos con literas y que se caracteriza por una estupenda atención.

Para llegar al siguiente objetivo en la localidad de Piracuama, tuvimos que recorrer bastantes kilómetros por una vía férrea. Una vez más el camino nos ponía nuevos desafíos, ya que es extremadamente dificultoso caminar largas distancias sobre los rieles, más aún cuando los trenes están en funcionamiento. Al llegar a nuestro destino, nos hospedamos en la magnífica “Pousada Champetrê”, una enorme construcción rural emplazada en un fantástico entorno natural rodeado de montañas y alejada del barullo urbano.
Nuestro plan original para la cuarta etapa era caminar 19 kilómetros hasta la ciudad de Pindamonhangaba, pero varias personas nos advirtieron que en esa ciudad se había formado una “favela” peligrosa por donde pasaba el camino original y se decía que en esa zona se habían cometido últimamente varios robos a los peregrinos. Siendo así, todos nos recomendaban cambiar el plan original, obviando las señales que llevaban a Pindamonhangaba y desviándonos hacia Moreira César, lo que significaba recorrer un total de 33 kilómetros.

Siendo conscientes del problema, modificamos nuestros planes y tuvimos que hacer frente a una extenuante jornada que nos hizo atravesar parte de la fea y ruidosa ciudad de Pinda, donde nos sentimos sapos de otro pozo y donde la gente nos miraba con curiosidad. En un día muy caluroso, la etapa se hizo interminable y los dragones trataron una y mil veces de doblegarnos. La batería de mi celular murió y sin la ayudita satelital de Google Maps, Joshua y yo no tuvimos otra opción que caminar y caminar, sin saber exactamente cuánto faltaba para llegar a destino. Finalmente arribamos con alegría (y muy cansados) al Pólis Hotel de Moreira César, donde hallamos a un grupo de “romeiros” que había partido de Piracuama a las 4 de la madrugada y que se preparaba para la etapa final hasta Aparecida.

La quinta etapa fue la última y se hizo bastante corta, ya que solamente teníamos que caminar 18 kilómetros para arribar al Santuario. Y así fue. Sin prisas llegamos a la ciudad de Aparecida, y nos alojamos en la “Pousada Jovimar”, alejada del centro, a fin de recorrer sin mochilas los últimos kilómetros hasta la virgen negra, Nuestra Señora de Aparecida, la santa patrona de Brasil.

Al llegar al Santuario comprobamos su monumental tamaño (es la segunda iglesia del mundo después de San Pedro en Roma) y en la Secretaría de la Basílica se nos entregó el certificado. Para concluir la odisea, circunvalamos el templo, visitamos a la virgen y meditamos en la capilla de San José, donde se cerró el círculo, luego de 110 kilómetros llenos de desafíos, aventuras y experiencias reconfortantes.

Pasito a pasito. De eso se trata la vida. De regresar a nuestro hogar, sin prisa pero sin pausa y disfrutando de cada etapa. La meta no está allá lejos: está aquí mismo, en este preciso momento y en este preciso lugar. El camino es la recompensa.
Notas del texto

(1) Pérez Aguirre, Luis: “Carnet de Ruta”
(2) http://www.oswaldobuzzo.com.br





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Viviendo el mito


Viviendo el mito


“El mito es una verdad eterna en contraste con una verdad empírica”
(Thomas Mann)

Desde una perspectiva profana, los mitos son considerados fábulas o fantasías que no tienen ningún tipo de fundamento ni veracidad, en otras palabras una mentira enmascarada. Sin embargo, para la Filosofía Iniciática todo mito es una realidad trascendente, una verdad que no podría ser expresada de otro modo y que nos pone en contacto con el plano del Alma, el llamado “mundo imaginal”.

Menospreciados, rechazados e invalidados por los racionalistas contemporáneos, que los consideran el rezago de una mentalidad primitiva y pre-científica, los mitos tradicionales gozan de buena salud en el seno de las sociedades iniciáticas que saben que –para ser entendidos en su nivel más profundo– éstos necesitan ser contemplados con el “ojo del corazón”, aquel que nos permite mirar más allá de lo evidente.

De acuerdo a Joseph Campbell, los mitos tienen una función pedagógica y “sirven para la instrucción espiritual”, ya que proveen “pistas de las potencialidades espirituales de la vida humana”, en especial en el llamado “mito único” o “monomito”, el Viaje del Héroe, aquel que resuena con fuerza en el interior de cada uno de nosotros.

Este viaje constituye el eje, la columna vertebral de la Filosofía Iniciática, la cual insiste en la necesidad de conocer, estudiar, profundizar y –sobre todas las cosas– vivir el mito heroico, convirtiéndonos a cada uno de nosotros en héroes peregrinos, en “nobles caminantes”, intrépidos recorredores de los senderos ascendentes que conducen desde la oscuridad a la luz..

La plasmación más simple, completa y perfecta de esta odisea espiritual puede observarse en la imagen circular del laberinto de Chartres, aunque también aparece reflejada en el Árbol Sefirótico, el Tarot, el Juego de la Oca, las etapas de la Gran Obra, los doce trabajos de Hércules y otros esquemas tradicionales.

Por esta razón, y aunque los materialistas modernos consideren a la mitología como “algo muerto”, es decir como un conjunto de relatos que demuestran la gran imaginación de los antiguos pero que carecen de utilidad práctica, los mitos nunca podrán desaparecer completamente porque son la exteriorización más perfecta del lenguaje del Alma, una expresión cristalina de los procesos internos que experimentan todos los seres humanos.

La Filosofía Iniciática no tiene otro cometido que ayudarnos a recordar nuestra verdadera identidad, y para ello nos invita a vivir el mito, a encarnar el arquetipo del héroe y alcanzar la “Pax Triumphalis” para exclamar a los cuatro vientos: Yo soy Eso.


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jueves, 16 de marzo de 2017

Etimología de términos iniciáticos (parte 2)

Etimología de términos iniciáticos (parte 2)

Esta es la continuación del artículo “Etimología de términos iniciáticos” donde comencé a analizar el origen de algunos términos vinculados a la Filosofía Iniciática. Muchísimas gracias a todos los que aportaron ideas para las próximas entregas de esta serie de artículos.


Iniciación

Deriva del vocablo latino “initium”, es decir “inicio”, el que a su vez proviene de “in-ire” (ir hacia adentro, entrar). Por lo tanto, la Iniciación supone un primer paso pero no hacia afuera o hacia adelante (pro-greso) sino hacia adentro (re-greso).

Existen dos tipos de Iniciación, una virtual (simbólica, ceremonial, fraternal) o “iniciación” con minúscula y otra efectiva (iluminación, despertar) o “Iniciación” con mayúscula.

La iniciación ritualística, propia de las órdenes esotéricas y fraternidades es una forma de iniciación virtual y puede considerarse una expresión simbólica de la verdadera iniciación, es decir de la iniciación efectiva o real.

“Virtual” según la Real Academia significa “que tiene virtud para producir un efecto, aunque no lo produce de presente, frecuentemente en oposición a efectivo o real”. Esto significa que cuando nosotros somos iniciados ceremonialmente en alguna organización (tanto oriental como occidental) se nos está confiando una semilla que representa a la perfección las potencialidades latentes en el ser humano.

La iniciación ritual tiene la posibilidad de “activar” la semilla, pero para que ésta germine y crezca deberá ser colocada en tierra fértil, regada, cuidada, para que finalmente se convierta en un árbol de estupendos frutos.

Lamentablemente muchos “iniciados” reciben con entusiasmo la semilla pero al cabo de unos días prefieren guardarla en un cajón y olvidarse de ella, tras percatarse que transitar el sendero iniciático no es fácil y que exige de sus caminantes cuatro cosas “pasadas de moda”:

* Coherencia
* Constancia
* Compromiso
* Confianza

La clave de la Iniciación consiste en pasar de la potencia al acto, lo que significa salir de nuestra zona de confort, pasar a la acción.

Hace cientos de años, fue Aristóteles quien habló de pasar de la potencia al acto, de salir de la virtualidad y pasar a la efectividad. Lamentablemente, muchos se confunden y creen que la participación en ceremonias simbólicas es una acción transformadora en sí misma, cuando en verdad necesitamos que todos esos símbolos poderosos nos penetren, nos atraviesen, se hagan carne y sangre en nosotros.

La iniciación virtual es concedida por terceros y no puede garantizar de modo alguno un cambio radical en la naturaleza del “iniciado”, la iniciación real se alcanza a través del esfuerzo y después de un largo entrenamiento (ascesis).



En este sentido, el masón Oswald Wirth declaró: “De no verificarse en nosotros la Magna Obra de los Hermetistas, seguiremos siendo profanos y nunca podrá el plomo de nuestra naturaleza transformarse en oro luminoso. Pero, ¿quién es lo bastante crédulo para imaginarse que tal milagro, pueda tener lugar por la virtud de un apropiado ceremonial? Los ritos de la iniciación son tan sólo símbolos que traducen en objetos visibles ciertas manifestaciones internas de nuestra voluntad, con el fin de ayudarnos a transformar nuestra personalidad moral. Si todo se reduce a lo externo, la operación no dará resultado: el plomo seguirá siendo plomo, aunque esté enchapado en oro. (…) El Iniciado verdadero, puro y auténtico, no puede conformarse con un tinte superficial: debe trabajarse él mismo, en la profundidad de su ser, hasta matar en él lo profano y hacer que nazca un hombre nuevo”. (1)

Por lo tanto, las iniciaciones masónicas, rosacruces, herméticas, martinistas y tantas otras pueden ser comparadas con la compra de un ticket aéreo sin fecha marcada. Algunas personas recibirán su ticket con alegría, estudiarán en libros y guías detalles importantes sobre el país que pretender visitar y finalmente marcarán su pasaje y volarán a su destino. Mientras tanto, otros “iniciados” recibirán su ticket e irán posponiendo una y otra vez la fecha de la partida, y ante la duda se dedicarán a leer toda clase de bibliografía sobre el país lejano. Incluso se podrán convertir en “expertos” sobre ese país, acumulando todo tipo de detalles acerca de las ciudades que nunca ha recorrido, de las gentes con las que nunca ha hablado y de la comida que nunca ha comido.



En resumen: si tuviéramos que definir la Iniciación (y cuando hablo de Iniciación con “I” mayúscula me refiero a la Iniciación efectiva, que es sinónimo de “Iluminación”) podría decirse que ésta es la realización o actualización de nuestra verdadera naturaleza, un estado de conciencia superior que nos ubica en un espacio intermedio entre la materia y el espíritu, un punto estratégico entre dos mundos.

Esto no es otra cosa que experimentar en carne propia el axioma integrador de los alquimistas: “Fac fixum volatile et volatile fixum” (“hacer fijo lo volátil y volátil lo fijo”), es decir corporizar lo espiritual y espiritualizar lo corpóreo. Integrar lo de arriba y lo de abajo, lo de adentro y lo de afuera. Esa es la verdadera Iniciación y toda “iniciación” anterior debe considerarse una preparación para ésta.

Iniciático

Obviamente, la palabra “iniciático” deriva de “Iniciación” y, por lo tanto, al hablar de una Filosofía Iniciática o de un Sendero Iniciático se está poniendo el foco en el proceso interior que nos lleva de la periferia al centro, de la potencia al acto, de la oscuridad a la luz. Nada más que eso. Este proceso no es propiedad de ninguna organización sino que es un derecho innato de cada ser humano.

Cuando se me pregunta: “¿Qué diferencia a la Filosofía Iniciática de la Filosofía Perenne o de la Filosofía Esotérica?”, la respuesta siempre es la misma: “el foco”, o mejor dicho en dónde ponemos el foco. Mientras que la palabra “perenne” nos habla de un conocimiento siempre vivo y constante, el vocablo “esotérico” alude a un conocimiento interno, no evidente, y la palabra “iniciático” se centra en la vivencia, aunque la Filosofía (esto es: Amor a la Sabiduría) es la misma. (Véase también: “¿Qué es la Espiritualidad Iniciática?”)

Intención

La palabra “Intención” proviene del vocablo latino “intentio”, que se compone de “in” (entrar) y “tendere” (tender, tensar, dirigir hacia). Por lo tanto, la Intención no es otra cosa que la tensión o impulso interior que se dirige hacia un objetivo determinado.

Determinar desde el primer momento nuestras intenciones es de capital importancia si queremos realmente transitar el sendero iniciático. La pregunta que siempre debemos hacernos es “¿de dónde proviene nuestro impulso?” (¿del ego? ¿del alma?) o “¿cuáles son nuestras intenciones al hollar el camino?” ¿Queremos fama? ¿Reconocimiento? ¿Amor? ¿Seguridad? ¿Consuelo? ¿Conocimiento? ¿Cultura? ¿O verdaderamente queremos convertirnos en lo que verdaderamente somos?

La intención por sí sola no sirve de mucho, por lo cual debe ir acompañada de una motivación (motivos para la acción), aquello que nos pone en marcha. Esta última siempre estará supeditada al deseo o a la voluntad, que son dos expresiones de una misma energía, una volcada a lo externo y otra hacia lo interno. Como seres encarnados, no podemos escapar del deseo pero sí sublimarlo y convertirlo en un “deseo purificado”, el virtuoso punto medio entre el deseo puro (animal) y la voluntad pura (divina).



Dicho de otro modo, el profano es aquel que permanece encadenado a la dicotomía placer-dolor en función del deseo, mientras que el iniciado es quien ha logrado liberarse de esa dualidad y que puede purificar sus deseos, alineándolos con su propósito existencial.

Es importante destacar que la Filosofía Iniciática diferencia el querer del desear. El “querer” es propio del deseo purificado, mientras que el “desear” está relacionado al deseo a secas, a la gratificación sensorial a corto o mediano plazo.

El español Enrique Rojas explicó bien este concepto, señalando que “desear es apetecer algo que se ve, pero que depende de las sensaciones del exterior”, mientras que “querer es verse motivado a hacer algo anteponiendo la voluntad, pues sabemos que eso nos da plenitud, nos mejora, eleva la conducta hacia planos superiores”. (…) En la práctica, el desear y el querer aparecen mezclados; pero en la teoría es bueno separarlos, para saber en qué terreno estamos. Cuando queremos nos movemos o sentimos atraídos a preferir lo mejor”. (2)

Una vez más, gracias por comentar este artículo y por sugerir nuevas palabras para que sean analizadas en las próximas entregas de esta serie de artículos. Recuerda: no creas nada de lo que está escrito en este blog. Investiga, compara, pon a prueba todo lo que se dice aquí.



Notas del texto

(1) Wirth, Oswald: “El Ideal Iniciático”
(2) Rojas, Enrique: “La conquista de la voluntad”


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