sábado, 29 de julio de 2017

El árbol de Apolo - La historia de Dafne y Apolo


El árbol de Apolo 
La historia de Dafne y Apolo

Un día, cuando Apolo, el dios de la luz y de la verdad, era aún joven, encontró a Cupido, el dios del amor, jugando con una de sus flechas. 
¿Qué estás haciendo con mi flecha?- preguntó Apolo con ira-. Maté una gran serpiente con ella. ¡No trates de robarme la gloria, Cupido! ¡Ve a jugar con tu arquito y con tus flechas! Tus flechas podrán matar serpientes, Apolo –dijo el dios del amor-, ¡pero las mías pueden hacer más daño! ¡Incluso tú puedes caer herido por ellas! 

Tan pronto hubo lanzado su siniestra amenaza, Cupido voló a través de los cielos hasta llegar a lo alto de una elevada montaña. Una vez allí, sacó de su carcaja dos flechas. Una cuyo efecto en aquel que fuera tocado por ella sería el de huir de quien le profesara amor. Con la segunda, quien fuera herido por ella se enamoraría instantáneamente de la primera persona que viera. 

Cupido tenía destinada su primera flecha a Dafne, una bella niña que cazaba en lo profundo del bosque. Cupido templó la cuerda de su arco y apuntó con la flecha a Dafne. Una vez en el aire, la flecha se hizo invisible, así que cuando atravesó el corazón de la niña, ésta sólo sintió un dolor agudo, pero no supo la causa. 

Con las manos cubriéndose la herida, corrió en busca de su padre, el dios del río. ¡Padre! – exclamó-: ¡Debes hacerme una promesa! 
¿De qué se trata? –preguntó el dios. 
¡Prométeme que nunca tendré que casarme! –gritó Dafne. 
¡Pero yo quiero tener nietos! 
¡No, padre! ¡No quiero casarme nunca! ¡Déjame ser siempre libre! –gritó Dafne, y comenzó a golpear el agua con los puños.
 ¡Muy bien! –profirió el dios del río-. ¡No te aflijas así, hija mía, te prometo que no tendrás que casarte nunca! ¡Y prométeme que me ayudarás a huir de mis perseguidores! –agregó Dafne. 
¡Lo haré, te lo prometo!

Después de que Dafne obtuvo esta promesa de su padre, Cupido preparó la segunda flecha, esta vez destinada a Apolo, quien estaba vagando por los bosques. Y en el momento en que el joven dios se encontró cerca de Dafne, templó la cuerda del arco y disparó hacia el corazón de Apolo. 

Al instante, el dios se enamoró de Dafne. Y, aunque la doncella llevaba el cabello salvaje y en desorden, y vestía sólo toscas pieles de animales, Apolo pensó que era la mujer más bella que jamás había visto. ¡Hola! –le gritó; pero Dafne le lanzó una mirada de espanto y, dando un salto, se internó en el bosque como lo hubiera hecho un ciervo. 

Apolo corrió detrás de ellas gritando: - ¡Detente, detente! Pero la niña se alejó con la velocidad del viento. ¡Por favor no corras, detente! ¡Yo no soy tu enemigo! ¿Sabes quién soy? No soy un campesino ni un pastor. ¡Soy un dios, cacé una enorme serpiente con mi flecha! 

Dafne seguía corriendo. Apolo ya estaba cansado de pedirle que se detuviera, así que aumentó la velocidad, hasta que pronto estuvo cerca de ella. Ya sin fuerzas, Dafne podía sentir la respiración de Apolo sobre sus cabellos. ¡Ayúdame, padre! –gritó dirigiéndose al dios del río-. ¡Ayúdame! 

No acababa de pronunciar estas palabras cuando sus brazos y piernas comenzaron a tornarse pesados hasta volverse leñosos. El pelo se le convirtió en hojas y los pies en raíces que empezaron a internarse en la tierra. Había sido transformada en el árbol del laurel, y nada había quedado de ella, salvo su exquisito encanto. Apolo se abrazó a las ramas del árbol como si fueran los brazos de Dafne y, besando su carne de madera, apretó las manos contra el tronco y lloró. 
- Siento que tu corazón late bajo esta corteza –dijo Apolo, mientras las lágrimas rodaban por su rostro-. Y como no podrás ser mi esposa, serás mi árbol sagrado. Usaré tu madera para construir mi arpa y fabricar mis flechas, y con tus ramas haré una guirnalda para mi frente, y siempre serás joven y verde, tú, Dafne, mi primer amor.


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lunes, 26 de junio de 2017

Coena Cypriani, el libro satírico en que la Iglesia se ríe de sí misma




Coena Cypriani, el libro satírico en que la Iglesia se ríe de sí misma

Para un amante del arte y del Patrimonio Histórico como es un servidor, el visitar las iglesias góticas allí por donde las haya resulta un ejercicio intelectual especialmente atractivo. Independiente de creencias o descreencias, admirar aquellas construcciones hiperdimensionadas, oscuras (a pesar de los vitrales y los cirios pascuales), frías como la piedra con que están hechas y toda aquella imaginería religiosa rancia en perpetuo sufrimiento, te transportan a una época en que la superstición se mezclaba sin solución de continuidad con la religiosidad y a un lugar en el que, quien entraba, ante el apabullante espectáculo arquitectónico y ambiental que se encontraba al atravesar la puerta, se tenía que sentir el más ínfimo de los seres. Y no era para menos, ya que quien entrase en la casa del Señor tenía que humillarse ante el Todopoderoso, tenía que tener miedo. Miedo que implicaba que la risa, como manifestación burlesca -ergo pecaminosa-, estuviera prohibida de la vida religiosa durante siglos. No obstante, la sonrisa es un sentimiento muy humano (¡y muy sano!), y ni los curas ni las monjas, escapan a ella por más que reír estuviera prohibido por sus reglamentos internos. Ejemplo de ello lo tenemos en un peculiar libro religioso en que los personajes de la Biblia son tratados de forma satírica y caricaturesca: el Coena Cypriani.

Dolor, temor y culpa

Que la vida es un valle de lágrimas es algo harto sabido de todo el mundo, y simplemente viendo un telediario tendremos razones suficientes para pensarlo. No obstante, por muy mal que nos vayan las cosas, siempre hay alguna situación que, por inesperada, ridícula o divertida, es capaz de hacernos esbozar una sonrisa, cuando no una sonora carcajada. Esto, que ocurre en todos los seres humanos, sin embargo se dice que no sucedió en la persona de Jesucristo, ya que, como hijo (trino) de Dios, no era humano y al llevar la pesada carga de todos los pecados de la humanidad pasados, presentes y venideros sobre sus espaldas, su semblante tenía que ser más parecido al de alguien a quien le hubiesen pisado un callo, que no al de un treintañero saliendo de la discoteca. De hecho, San Juan Crisóstomo, patriarca de Constantinopla (347-407), llegó a afirmar que Cristo nunca había reído, en una actitud un tanto “talibán” que recuerda la obsesión de Santa Silvania por no lavarse (ver Silvania, la santa que no se lavó jamás).
Sentimiento de sufrimiento

Así las cosas, todas las representaciones de Jesús y de sus acólitos, durante siglos, han intentado (y conseguido) transmitir esa impertérrita seriedad y el infinito sufrimiento interior que llevaban sus atormentadas almas. Más que nada porque, de otra forma, se estaría banalizando el papel redentor de Jesucristo (solo permitido al diablo) y, en vez de temor de Dios, lo que tendrías sería un compadreo con él que pondría en tela de juicio el poder moral -y por ende, terrenal- de la mismísima Iglesia (ver La Iglesia, de los ricos. Dios, de los pobres.). No en vano los benedictinos tenían una de sus reglas -la 56- que decía “Verba vana aut risui non loqui” es decir, “No pronunciar palabras vanas que induzcan a la risa” aunque, evidentemente, no todo el mundo debió pensar lo mismo, dando lugar a la curiosidad del Coena Cypriani.


El Coena Cypriani (La Cena de Cipriano) es un texto satírico latino, escrito en prosa, tradicionalmente atribuido al obispo de Cartago, Thascius Caecilius Cyprianus -San Cipriano de Cartago, para los amigos- que, según los investigadores, fue redactado en Francia o norte de Italia por un autor anónimo entre los siglos IV y V de nuestra era. Aunque existe gran controversia entre las fechas reales y su autoría, la realidad   
San Cipriano de Cartago
es que fueron leídos en público en el año 875 durante la ceremonia de coronación del emperador del Sacro Imperio Romano Germánico, Carlos el Calvo, lo que demuestra la gran aceptación que tenía este texto durante la Edad Media. Pero... ¿de qué va este libro?

El texto explica la historia del rey Joel de Oriente, el cual, para celebrar la boda de su hijo, decide organizar un gran banquete en el que estarán invitados todos los personajes más importantes de la Biblia, empezando por Adán y acabando por el mismísimo Jesús.

Coena Cypriani

Una vez en la cena, cada personaje ocupa su lugar sentado en algún elemento que le es característico, de tal forma que Adán está sentado en el medio, Eva se sienta en una hoja de parra, Noé encima de un arca, Judas encima de un cofre con sus correspondientes 30 monedas, y así sucesivamente. Los invitados, una vez ubicados de esta forma un tanto ridícula, son servidos a cada uno con viandas que les son conocidas, en el caso de Jesús se le da vino de pasas (por aquello de la “pasión”) o en el de Sansón, se le dan a comer quijadas. Así las cosas, los invitados beben, comen, ríen, discuten o se pelean como verduleros, mientras que Pilatos se lava las manos, Pedro no puede hacer la siesta por un gallo pesado, o Judas se pasa media cena abrazándose con los otros invitados. Finalmente, en medio del mogollón, el rey Joel se da cuenta que le han desaparecido unos cuantos regalos que le habían traído los invitados, empezando todo el mundo a acusarse entre ellos de ladrones, hasta que le endiñan el muerto a Agar, la sirvienta y concubina de Abraham. Es entonces condenada a muerte, ejecutada y enterrada con honores solemnes por los invitados, los cuales se van más anchos que panchos para sus casas, y dando por acabado el relato.

Una ayuda a la evangelización

El texto, redactado en forma satírica y humorística se cree que fue escrito con una finalidad puramente mnemotécnica para que, con estas asociaciones estrambóticas y deliberadamente ridículas entre los personajes sagrados, las gentes que lo leyesen (los menos) o escuchasen (la mayoría) recordasen las características principales de las figuras de la Biblia. Como resultado, se haría más llevadera la memorización para los sacerdotes y monjas, facilitándoles a su vez la tarea evangelizadora.

De esta manera, si bien durante siglos toda la liturgia y toda la parafernalia que rodeaba la vida religiosa tenía que ser estrictamente ascética y compungida (aunque después hicieran de su capa un sayo, dígaselo a los Borgia) los religiosos, leyendo este texto y sin romper con sus estrictas reglas, podían dar un poco de humor a sus sufridas vidas.

O sea que, ya lo sabe, ríase sanamente todo lo que pueda, que este mundo traidor, sin risas ni buen humor, no lo aguanta ni Dios.

¡Memento mori!


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sábado, 10 de junio de 2017

VIVIR DE LA LUZ ¿Cómo se puede sobrevivir sin comer, ni beber? Vivir de la luz



VIVIR DE LA LUZ 
¿Cómo se puede sobrevivir sin comer, ni beber? 
Vivir de la luz

Publicado el 7 jun. 2017

TÓMENLO COMO INFORMACIÓN O UNA PELÍCULA- SI SON MENORES DEBEN TENER UNA DIETA BALANCEADA Y SALUDABLE, POR QUE AL ESTAR EN CRECIMIENTO DEBEN CONSUMIR TODO TIPO DE ALIMENTOS SALUDABLES EN VITAMINAS, PROTEÍNAS, AMINOÁCIDOS.

Pueden acceder al vídeo, desde aquí


Agradecemos al Sr. Paco, por este aporte

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sábado, 3 de junio de 2017

El Manga: toda su historia


El Manga: toda su historia

Terminología:

"Manga" es un término japonés cuya traducción literal es la de "dibujos encadenados", es decir, lo que en el continente americano es conocido como cómic. En japonés se emplea para denominar este tipo de obra artística, sea cual sea su procedencia, ya que el Manga en Japón abarca todos los campos y edades (desde el niño, empresario o ama de casa), pero también existen innumerables obras específicas, ajustadas cada una a su público particular.

Los orígenes del manga

Los orígenes del comic en Japón se remontan a varios siglos antes de nuestra era. A partir del siglo VII a.C., en Japón se vivió una admiración enorme hacia el pueblo chino. Los japoneses decidieron adoptar todo lo referente a ese país: la escritura, la religión, las costumbres, y junto con todo esto, los Chôjûgiga, o "Rollos Animales". 
Los Chôjûgiga fueron creados en el siglo XII por un monje budista, el legendario Obispo Toba. Eran básicamente tiras de papel de hasta 25m de largo, que se iban desenrollando de derecha a izquierda, y en los que animales antropomorfos eran representados en situaciones que satirizaban las mismas costumbres budistas de la época. Con el tiempo, las caricaturas se fueron usando para representar todo tipo de cosas, desde los seis mundos de la cosmología budista hasta historias llenas de sufrimiento y aberraciones enfermizas, aunque presentadas de manera artística.

Durante el periodo Edo (1600-1867) surgieron los llamados Ukiyo-e, en los que hombres y mujeres eran plasmados gozando de los placeres y pasatiempos de la época, como la moda, los lugares populares, los ídolos del teatro Kabuki, narraciones históricas, etc. Fue un representante del Ukiyo-e, Hokusai Katsushika, quien acuñó el término manga en el año 1814, al combinar los kanji para "informal" (man) y "dibujo" (ga), lo definió como dibujo rápido o dibujo que transmite una idea.

Para estas épocas, los impresionistas europeos se maravillaban de la exótica belleza del ukiyo-e, que se usaba para empacar el té exportado por Japón, que apenas comenzaba a abrirse al mundo Occidental. Dos artistas europeos introdujeron entonces un nuevo estilo de dibujo. Primero fue un inglés, llamado Charles Wirgman, por medio de una revista dedicada a extranjeros radicados en Japón, a la que llamó "The Japan Punch", en la que ocasionalmente publicaba caricaturas satirizando a los japoneses abrumados por el repentino cambio de su sociedad feudal a una industrializada. Estas caricaturas trascendieron de tal manera que actualmente se considera a Wirgman el padre de la caricatura japonesa moderna, celebrándose anualmente una ceremonia en su tumba en Yokohama.

El segundo aporte europeo fue por parte del francés George Bigot, cuya revista, Tôbaé también satirizaba al nuevo Japón, con la diferencia de que se atrevió a criticar hasta al gobierno, hecho que le ganó el apoyo y admiración de los artistas japoneses que durante tanto tiempo habían sido censurados.

Durante la Segunda Guerra Mundial, el manga fue usado como propaganda bélica, presentando historias cuyos personajes eran soldados perfectos e invencibles. Durante la posguerra, en cambio, se buscaba distraer a la población de la situación en que se encontraban, por medio de historias rosas y personajes llenos de sueños y esperanzas para el futuro.

Sin embargo, el manga moderno surge con Tezuka Osamu, un médico que rompió todo récord de ventas en 1947 con La Nueva Isla del Tesoro, publicada en un formato muy barato y muy accesible para todos los niños, por pobres que fueran. Más adelante, en 1952, Tezuka se consolidaría total-mente gracias al famosísimo Tetsuwan Atom, conocida en nuestro continente como Astro Boy.

El impacto de la obra de Tezuka Osamu consistió en que estaba inspirada más en películas y animaciones que en historietas, lo que le dio un nuevo sentido de movimiento. En vez de limitarse a solamente un cuadro por acción, decidió dedicar hasta páginas completas a un solo movimiento, e introducir un concepto que se generalizaría en la industria del manga: Tezuka estaba convencido de que las historietas podían ir mucho más allá de sólo hacer reír, por lo que utilizó temas sobre lágrimas y dolor, sobre ira y odio, creando historias que no necesariamente tuvieran un final feliz. También a él se deben los ojos grandes característicos del anime/manga, para los cuales se inspiró en Bambi de Walt Disney.

A partir de 1957, con la fundación del estudio Toei Animation Co., Japón comenzó a producir películas animadas a la manera en que Disney lo hace: una película al año, basada en alguna leyenda europea u oriental, etc. Para la película Saiyu-ki (El rey de los monos), el director Taiji Yabushita pidió su colaboración a Tezuka Osamu, por ser el autor de la historia original. Esta experiencia, junto con la llegada de la primera serie de Hannah-Barbera a Japón en los '50s, puso una nueva idea en la cabeza de Tezuka, y así, en 1963 comienza la transmisión de la versión anima-da de Tetsuwan Atom en la televisión japonesa, creando así el anime tal como se conoce actualmente.

Tal como lo hizo con el manga, Tezuka Osamu revolucionó la industria de la animación japonesa por medio de historias más realistas y personajes más humanos, dio un espacio a las niñas, e hizo a un lado el estereotipo de las animaciones para niños pequeños, creando historias para todo tipo de públicos, tanto tratándose de películas como de series de televisión y animaciones originales para video.


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Osamu Dazai - Tsushima Shuji


Osamu Dazai 
Tsushima Shuji 

(1909/06/19 - 1948/06/13)


Escritor japonés 

Nació el 19 de junio de 1909 en Aomori.

Fue el sexto hijo de un terrateniente y miembro de la cámara alta de la Dieta nacional por la península de Tsugaru, prefectura de Aomori, en el norte de la mayor isla de Japón, Honshu.

Inició estudios universitarios con el propósito de especializarse en lengua y literatura francesas, pero graves quebrantos de salud y una fundamental desconfianza en sí mismo y en la vida, que le llevó al abuso del alcohol y de las drogas, le impidieron terminarlos.

Cuando intentó suicidarse por primera vez, fue rescatado de morir ahogado, mientras que su compañera, una joven camarera, murió. En 1930 se matricula en la Facultad de francés de la universidad de Tokio, a pesar de conocer apenas este idioma, pero abandonó los estudios a los cinco años.

Apoyó durante un tiempo las causas izquierdistas pero fue coaccionado para que reformara su pensamiento. En 1933 adoptó el seudónimo de Dazai Osamu y volvió a intentar suicidarse además se hizo adicto a la morfina. Su matrimonio en 1939 con una maestra de escuela le proporcionó un corto periodo de productividad. A pesar de ocasionales excesos, su estilo resulta particularmente ingenioso, variado y ajustado a los tonos y niveles del discurso.

Su autobiografía Tsugaru (1944) constituye una vuelta nostálgica y amorosa a sus raíces. Sus últimas obras, escritas tras la derrota de Japón en 1945, El sol poniente (1947) y Ya no humano (1948), reflejan a la perfección el sentimiento posbélico de fracaso nacional y de renacimiento traumático y le convirtieron en una celebridad.

El 13 de junio de 1948, día en que cumplió 39 años, se suicidó en Tokio ahogándose junto con una admiradora.


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Kenzaburo Oé

Kenzaburo Oé
(Ose, Japón, 1935) Escritor japonés, premio Nobel de Literatura en 1994. Nació en una aldea de los bosques montañosos de Shikoku de la que su familia apenas había salido. Pasó la guerra allí, pero la voluntad de estudiar lo llevó a Tokio, en cuya universidad ingresó en 1954. Para ello tuvo que perfeccionar su japonés, pues hablaba una variante dialectal propia de la zona.
La vocación literaria de Oé nació en cierto modo de la necesidad de aliviar el desarraigo cultural y recuperar lo que él llama "la mitología de mi aldea". De esta época datan La presa, que le valió en 1957 el premio Akutagawa de novela corta, y Arrancad las semillas, fusilad a los niños (1958); en ambas traza un sombrío panorama de los efectos de la guerra en el idílico microcosmos rural.
En sus relatos y novelas suele abordar aspectos de la sociedad contemporánea desde un humanismo crítico, de raigambre existencialista. Su estilo directo, de frases breves y contundentes, se nutre de poderosas imágenes poéticas y abundantes reflexiones metafísicas. Se percibe en él la influencia de Dante, F. Rabelais, H. de Balzac, E. A. Poe o M. Twain, a los que estudió a fondo, pero también de J. P. Sartre, A. Camus, W. B. Yeats o W. H. Auden, por quienes profesa franca admiración.
Escribió diversos artículos y una novela autobiográfica, El muchacho que llegó tarde (1961), sobre la vida estudiantil en un Tokio que no consigue librarse de la alargada sombra de la ocupación estadounidense. Lo que subyace es el conflicto paradigmático del Japón contemporáneo entre modernidad y tradición. Pero allí donde Yukio Mishima, que a pesar de las diferencias ideológicas era amigo suyo, vuelve la vista atrás y añora las gloriosas épocas imperiales, Oé sueña con la democracia participativa.
No obstante, el punto de inflexión en su vida y su narrativa lo constituyó el nacimiento, en 1963, de su primer hijo Hikari, que padecía una malformación neurológica. Fruto del desconcierto y el dolor ante la minusvalía mental del niño pero, al mismo tiempo, del afán de superación y de la necesidad de dotarse de una ética privada, su novela Una cuestión personal (1964) narra, en términos crudos y sin concesiones, el descenso al abismo de un padre atrapado entre el fatalismo y la cínica opción de la huida hacia adelante. Ha regresado al tema de la relación con su hijo, uno de los dos ejes de su literatura, en los libros Dinos cómo sobrevivir a nuestra locura (1969), Las aguas han inundado mi alma (1973) y Despertad, jóvenes de la nueva era (1983).
El otro núcleo lo constituye la pervivencia del cuerpo de mitos y leyendas rurales de su infancia y juventud en el marco de la cultura urbana contemporánea, que vertebra obras como El grito silencioso (1967), Juegos contemporáneos (1979) o Cartas a los años de la nostalgia (1986). Inspirándose en la poesía de Yeats, escribió una trilogía titulada A flaming green tree y, antes de recibir el premio Nobel, libros como M/TLa historia maravillosa del bosque o la novela de ciencia ficción La torre del tratamiento (1990), así como numerosos artículos y ensayos. Destaca en especial Notas sobre Hiroshima, escrito tras entrevistar a diversos supervivientes de la tragedia atómica.
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Yasunari Kawabata (1899 – 1972)



Yasunari Kawabata (1899 – 1972)

En 1968, Yasunari Kawabata fue el primer escritor japonés en ganar un Premio Nobel de Literatura. Sus trabajos combinaban la belleza del Japón antiguo con tendencias modernas, y su prosa mezclaba realismo con visiones surrealistas. Los libros de Kawabata han sido descritos como “lírica melancólica” y frecuentemente exploran el lugar del sexo en la cultura y las vidas individuales. A lo largo de su vida, Kawabata escribió varias novelas y cientos de historias de una página que llamó tanagokoro no shosetsu (掌の諸説, Historias de la palma de la mano), y dijo que expresaban la escencia de su arte.


Yasunari Kawabata nació en una familia próspera en Osaka, Japón. Su padre, Eikichi Kawabata, era un médico que murió de tuberculosis cuando Yasunari tenía tan sólo 2 años. Quedó huérfano tras la muerte de su madre a la edad de tres, su abuela cuando tenía siete, y su única hermana cuando tenía nueve. Las muertes de sus familiares le privaron a Yasunari de una infancia normal, y dice que aprendió de la soledad y el desarraigo a temprana edad. Más tarde en su vida, el autor se describió a sí mismo como alguien “sin hogar o familia”. Algunos críticos sienten que estos traumas tempranos permean a través del sentimiento de pérdida y remordimiento en sus escritos.
Después de perder a su abuelo en 1915, Kawabata se movió a una habitación de una escuela secundaria. Comenzó a estudiar literatura en la Universidad Imperial de Tokyo en 1920, y se graduó en 1924. Kawabata y un grupo de jóvenes escritores fundaron el Bungei Jidai (Nueva Era Artística). Con este periódico, defendieron un movimiento literario conocido como Shinkankaku (Neo-sensualismo), que se oponía a la entonces escuela dominante realista. Kawabata estaba interesado en la novela de Avant-Garde europea, y también escribió el guión para la película expresionista Kuritta Ippeji” (Una página de locura, 1926), de Kinugasa Teinosuke.


Kawabata ganó éxito entre los críticos con su novela Izu no Odoriko (La bailarina de Izu, 1925). La obra autobiográfica habla de su amor ciego de juventud por una joven bailarina de catorce años, cuyas piernas se estiraban “como un árbol joven de paulownia”. La historia termina con su separación. Las mujeres jóvenes aparecen en muchas de las obras de Kawabata, como en Nemureru Bijō (La Bella Durmiente, 1961) y la novela corta Tanpopo (Diente de León, publicada póstumamente).
La novela fragmentada Asakusa Kurenaidan (La pandilla de Asakusa, 1929-1930) se ubica en el distrito de Asakusa en Tokyo, famoso por sus casas de geishas, bailarinas, bares, prostitutas y teatros. La novela se serializó en el Asahi Shinbun, trayendo la ficción moderna y experimental a una audiencia más amplia de Japón. Kawabata se casó en 1931. Durante la Segunda Guerra Mundial, Kawabata se mudó a Manchuria, y se dedicó a estudiar Genji Monogatari (La historia de Genji), un clásico de la literatura japonesa del siglo XI.
Después de la guerra, Kawabata publicó su novela más famosa, Yukiguni (雪国, El país de la nieve, 1948), la historia de un esteta de edad media, Shimamura, y una geisha que envejece, Komako. Sus encuentros esporádicos se ubican en un lugar aislado; los balnearios al oeste de las montañas centrales, donde los inviernos son obscuros, largos y silenciosos. Yukiguni ha sido filmada varias veces. La versión de Shido Toyoda de 1957, donde aparecen Kishi Keiko como Komako y Ryo Ikebe como Shimamura, es considerada la mejor versión.
Por muchos, Yama no oto (山の音, El sonido de las montañas, 1954) es considerada la mejor obra de Kawabata. La novela ilustra la crisis de una familia a través de episodios que se encuentran conectados. El protagonista, Shingo, representa los valores japoneses tradicionales. Se preocupa de la crisis marital de sus dos hijos. Las escenas de la vida diaria de este héroe se entretejen con las descripciones poéticas de la naturaleza, los sueños y los recuerdos. Su obra le mereció a Kawabata el premio literario por la Academia Japonesa. Kawabata combinó y refinó la estética japonesa con la narrativa psicológica y el erotismo. En sus obras de ficción tempranas, Kawabata experimentó con técnicas surrealistas, pero en sus escritos últimos, su estilo naturalista se volvió más impresionista.


Conforme pasó el tiempo, Kawabata se volvió un escritor famoso alrededor del mundo. En la década de los sesentas, después de recibir el Premio Nobel, Kawabata hizo un tour por los Estados Unidos, impartiendo clases en universidades. A finales de la misma década, Kawabata apoyó a candidatos políticos conservadores en Japón, y con Yukio Mishima y otros escritores firmó un comunicado condenando la Revolución Cultural en China. Kawabata condenó el suicidio en el discurso durante la entrega de su Premio Nobel, tal vez recordando la muerte de varios de sus amigos escritores. Sin embargo, Kawabata había sufrido durante mucho tiempo de una mala salud, y el 16 de abril de 1972, dos años después del suicidio de Yukio Mishima, Kawabata se quitó la vida en su casa en Zushi con gas. No dejó ninguna nota.
Otras grandes obras de Kawabata son: Zenbasuru (Las mil grullas, 1952), Utsukashisa-to Kanashimi-to (Lo bello y lo triste, 1965), y Meijin (El maestro de Go).


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